Literatura y rock: Javier Martinez y Indio Solari

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Sin ánimos de bordear el ensayo o el análisis riguroso, aquí solo se posaran algunas aproximaciones de lo que considero son el puntapié inicial de letras trabajadas sobre los planos del existencialismo y la prosa más contundente y descriptora de esos momentos, de un genero que luego mutó a un estilo con nombre y apellido: rock nacional.

La literatura enmarcada en palabras, historias y mentiras, también se encuentra con distintas áreas del arte, como por ejemplo: la música. En este caso el rock. Su sintonia tuvo principios de delinear aires de esperanzas en años como los 70 u 80. En la Argentina tuvimos un recinto que juntó a poetas y roqueros que hicieron posible que las letras de nuestro rock no sufrieran una agonía como se esta viviendo en la actualidad, con precoces estrellados que aman la fama y el instante. Este lugar al que me refiero, que en la actualidad esta vivito y coleando, lleva por nombre La Perla y esta ubicado en el barrio porteño de Once.

Para ajustarnos un poco más ante el tema que tenemos por delante, quisiera destacar el legado poético que nos ha dejado Javier Martinez – creador del grupo Manal y baterista y cantante del mismo – con letras puramente encajadas en imágenes y metáforas netamente de la belleza. Al punto de convertirse en prosa dejó versos para la historia, que luego tomarían músicos del calibre de Luis Alberto Spinetta cuando realizo su recital de “Las bandas eternas” en el estadio de Velez Sarsfield y cantó Necesito un amor.

Para mi que estoy tan sólo
necesito un amor,
para aquel que está olvidado
necesita un amor
y si ella está llorando
necesito un amor.
Todos muy solos están
se miran sin comprender,
de noche van a pasear
necesitan amar.
Nada más que un amor,
la vida por la calle se va
necesito un amor,
por el puerto mirando barcos
necesito un amor.
Es inmensa la ciudad
solitario en la multitud
como soy un hombre más
necesito un amor.
La vida por la calle se va
necesito un amor,
cada minuto es un minuto menos,
necesito un amor.

Al final de los 70 y principios de los 80, conocimos a otra de las plumas estandartes del rock nacional y acá, como si fuera poco, me estoy refiriendo a Carlos “indio” Solari. A niveles barrocos y destellos de simbolismo nos trajo las letras más puras y contestatarias a la escena. Lector constante; en una de las tantas entrevistas que le realizaron contó que uno de los primeros autores en llegar a sus manos fue Jean Paul Sartre.

Fuegos de Oktubre y en un te prefiero igual internacional, sentenció su locuacidad soviética del momento. Tratando a la guerra del golfo como una moda y convocando a la reflexión constante, dejó en claro por medio de certeras frases que no todos sus discos fueron un diario a la cocaína.

 Mucha tropa riendo en las calles 
con sus muecas rotas cromadas 
y por las carreteras valladas 
escuchás caer tus lágrimas 

Nuestro amo juega al esclavo 
de esta tierra que es una herida 
que se abre todos los días 
a pura muerte, a todo gramo. 
-Violencia es mentir- 

Formidables guerreros en jeeps 
los titanes del orden viril 
¿Qué botines esperan ganar? 
si nunca un perro mira al cielo. 

Si hace falta hundir la nariz en el plato 
lo vamos a hacer, por los tipos que huelen a tigre 
tan soberbios y despiadados 
-Violencia es mentir-.

El bukowski argentino

Las misivas en un papel y la cruda percepción en la mente. Sin misericordia por nada, al punto tal del nihilismo, empezó a firmar algunos de sus artículos como Bukowski, Trotsky y otros personajes que se inventaba en el momento. En medio de una vida promiscua delinquió desde muy joven – a los 14 años se fue de su casa paterna – pero a su vez fue creador de revistas del calibre de Cerdos y peces. Continuó como presentador o monologuista de bandas de rock nacional, tales como Los Redonditos de Ricota, Bersuit Vergarabat o Los piojos, entre otras. En medio de toda esa vida voraz probó todas las drogas, discutió con el Indio Solari, a quién también hizo participar de su revista con algunos artículos y fue periodista estrella en Chile.

Enrique Symns, el señor de los venenos – haciendo referencia al libro que escribió y que lleva este mismo titulo – vive su vida de bar en bar, manteniendo la misma linea desde que se inicio en el whisky – 14 años en un bar de la estación de Lanus – y a los 60 y tantos, se sigue posicionando como uno de los referentes de la contracultura en Argentina. Entre la literatura y el rock, su personaje nunca debió combatirse para saber como reaccionar ante cada situación. Sumergido en las consecuencias propias de un hombre que no traiciona sus formas por los vejámenes de la industria, pasó de tenerlo todo a una vida de holgazán, que un poco vive en la calle y otro poco en recintos de malos augurios.

Escritura a Garrotazos

Lai

“Las tetas son la parte más misteriosa y japonesa de las mujeres” , dice uno de los personajes de la novela Si soy mala poeta, pero…que escribe Alberto Laiseca. Este autor de la novela más larga de la historia que se titula Los soria y esta compuesta por más de 1300 paginas, cuenta en varias de las entrevistas que le han hecho que para poder escribir bien tuvo que dejar de hacer lo que quería su padre – con quien no tenia buena relación y lo definía como la Unión Sovietica de Stalin – y marcharse de su pueblo. Fue así que dejo la carrera de ingeniería y antes de llegar a Buenos Aires, trabajó como peón rural en varias provincias del país. En Buenos Aires trabajó en la empresa de telecomunicaciones Entel y como corrector de galeradas del diario La Razón, entre otros. Actualmente aparece con una columna donde da consejos de amor en el programa Cupido en el canal Tbs, que se transmite por cable.

Amigo de Rodolfo Fogwill, Cesar Aira y Ricardo Piglia, quien fue el que escribió el prologo de Los soria, fueron los primeros que leyeron la novela y a través de sus comentarios se fue desarrollando un boca a boca de una obra que solo habían leído ellos y todavía no estaba editada. Laiseca define su escritura como “realismo delirante” entendiendo esto como una nueva forma de pensar la narración o la búsqueda de su obra: “El delirio sirve para agrandar algunas cosas de la realidad y achicar otras.” No propone ninguna teoría para este arte, sino que da tres consejos concretos: escribir más, leer más y vivir más.

Él mismo se define como escritor y actor; actúa en las películas que se hicieron con trabajos de su autoria: El artista y Querida voy a comprar cigarrillos y vuelvo. En la televisión realizó un programa en canal I – Sat donde se lo podía ver con una silla desvencijada, unos bigotes de grosor considerable y el ida y vuelta de su mano para dar pitadas a sus constantes cigarrillos, relatando cuentos de grandes clásicos de la literatura: Edgar Allan Poe o Horario Quiroga, entre otros.

Es autor, ademas, de los libros de cuentos Matando enanos a garrotazos y En sueños he llorado y las novelas Su turno para morir; Aventuras de un novelista atona; La hija de Kheops; la mujer en la muralla; El jardin de las maquinas parlantes; Los Sorias; El gusano maximo de la vida misma; Beber en rojo y Las aventuras del profesor Eusebio Filigranatti.