Sin Cortazar no hay chamuyo

La escritura apareció sin querer. Hasta los 18  ni por puta había agarrado un libro y tampoco siquiera había escrito nada. Ni la lista de los mandados. Esto empezó porque le gustaba una chica que era muy lectora. Trabajaban juntos y un día la escuchó decir, mientras almorzaban, que leía Cortazar. Ese mismo día fue a comprar Los Premios (que agarró por azar). Leyó la contratapa y fue a presumirle que lo había leído, pero enseguida se dio cuenta de que estaba mintiendo y no le habló más. Esa noche llegó a la casa, no comió y se encerró a leer toda la novela. De ahí en adelante no paró más. Por eso es que primero llegó la lectura y después aquellos garabatos encerrados en frases sueltas o reflexiones propias de su corta edad pre veinteañero. Eran simulacros de escritor maldito que buscaban sentenciar la farsa cotidiana. Todavía lo sigue haciendo pero con un poco más de cuidado. El propio paso del tiempo le dio un poco más de peso a sus palabras, que ahora tratan de meterse dentro de un cuerpo más existencialista.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s