Cuadernos de la vida ordinaria

 

No pondría nada que sea seguro esta vez. Antes lo hice y pequé de omnipotente (o impotente). Verlo todo derruido por la propia pavada que me convenció es lo que desespera en este ancho mar. Tres vasos de whisky te convierten en el peor pelotudo, no te alcanzan las solapas para completar la biografía de un completo licenciado de pura vida impostada. La noche se relata en el mismísimo verso que se acomoda por la propia indulgencia del narrador y ya no queda otra que confensarse en la vida ordinaria. Mañana, con la normalidad a cuestas, el espejo, la corbata bien acomodada y el lamento por los dientes amarillos. Buscar turnos en los médicos, resguardarse en la pura adrelina del paciente que anhela que salgan bien los estudios de sangra para seguir fingiendo el derrotero con drogas baratas. Así nos criaron los moralinas: en el libreto de los quince días de vacaciones y la industria de la educación formal.

 

Suena Tom Waits

Ella lee a Rimbaud a los gritos y amenaza con tirarse del balcón

“Cuando ya se te va la vida
entras al sanatorio con ganas de morirte
sangran tu nariz y tu boca
provocas mucho asco, te dejan para la autopsia”

Ricky Espinosa

 

La mejor revista

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