Cuadernos de la vida ordinaria

 

No pondría nada que sea seguro esta vez. Antes lo hice y pequé de omnipotente (o impotente). Verlo todo derruido por la propia pavada que me convenció es lo que desespera en este ancho mar. Tres vasos de whisky te convierten en el peor pelotudo, no te alcanzan las solapas para completar la biografía de un completo licenciado de pura vida impostada. La noche se relata en el mismísimo verso que se acomoda por la propia indulgencia del narrador y ya no queda otra que confensarse en la vida ordinaria. Mañana, con la normalidad a cuestas, el espejo, la corbata bien acomodada y el lamento por los dientes amarillos. Buscar turnos en los médicos, resguardarse en la pura adrelina del paciente que anhela que salgan bien los estudios de sangra para seguir fingiendo el derrotero con drogas baratas. Así nos criaron los moralinas: en el libreto de los quince días de vacaciones y la industria de la educación formal.

 

Suena Tom Waits

Ella lee a Rimbaud a los gritos y amenaza con tirarse del balcón

“Cuando ya se te va la vida
entras al sanatorio con ganas de morirte
sangran tu nariz y tu boca
provocas mucho asco, te dejan para la autopsia”

Ricky Espinosa

 

La mejor revista

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Así suena El Perrodiablo

a2361153021_10Acostumbrados a los sonidos de la salvación que viajan por el camino de la cordura, no queda más que revisitar el último corte que ha lanzado esta banda de La Plata que se destaca por derribar todo muro posible entre proyecto artístico y personalidad. Acá todo va de la mano: la espontaneidad se detecta como la brújula que ponen al alcance de todos los escuchas.

En su canción Ni perdón de Dios que se puede escuchar en el propio canal de la banda El Perrodiablo, el viaje se pone de manifiesto ni bien arranca a girar la cinta de un cassette que oficia de artística de presentación. Lo primero que se escucha es la potencialidad de esos riffs de guitarras más bien crudas que parecen ser el nombre propio de los platenses. Es una carga vibrante que viene como tatuada en la marca registrada de ellos. Un leitmotiv que sin lugar a dudas se nota que no tiembla y sabe bien donde está parado.

Desde esa potencia que rebrota nota a nota su cantante el “Doma” comienza a disparar una letra que no repara en ningún tipo de diplomacia: “En carne viva lo supe/ que no habría piedad/ y confronté con la pared/ y conviví con el mal/ hasta aquí he llegado/ es algo lejos hermano/ que nadie me cuente por lo que he pasado/ no creo que tengas perdón de Dios…”.

Los platenses parecen volver a hacerlo a dos años de la salida de su anterior disco Cacería. Es inminente el lanzamiento de todo el disco que va a llevar por nombre La otra dimensión. Su forma arrolladora y la actitud del vivo, hace parecer como si el Doma fuera a salirse del parlante para gritartelo en la cara.

Así suenan: con una energía viva que, a esta altura, parece que solamente se puede encontrar en un mercado de pulgas al precio de cualquier objeto vintage. El Perrodiablo convive sin problemas, y sin hablar un lenguaje anacrónico, con Iggi y The Stooges.

Una sola ideología posible: las perillas siempre llegando al tope pero con un sonido que se distingue y los clasifica como buenos cultores del rock vieja escuela.

 

https://elperrodiablo.bandcamp.com/album/ni-perd-n-de-dios-adelanto-de-la-otra-dimension

 

 

Sin lengua no hay paraíso

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¿Cómo sería ese momento?, surge como primera pregunta ante el choque de dos culturas que por cuestiones políticas no se habían rozado hasta que la música logró su cometido. Por primera vez, en el marco de su gira “América Latina Olé Tour”, (marzo del año pasado) los Rolling Stones fueron a tocar de forma gratuita a Cuba, más precisamente a la Ciudad Deportiva de La Habana, frente a una multitud de personas que no sabía si contentarse por las canciones de Jagger o por como este bailaba. Es por eso que precisamente para revelar algunas obsesiones arribé a una fuente de información sustentada por un libro que contiene tres historias, tres miradas, de lo que fue esta visita a la isla. El libro al que hago mención lleva el nombre de Cuba Stone (Tusquets, 2016) y las firmas que se encargaron de ir a ver para contar son la del periodista argentino Javier Sinay; el escritor José Rangel (o Joselo), también guitarrista del grupo mexicano Café Tacvba, y Jeremías Gamboa, escritor y periodista peruano. Cada una de estas crónicas son minuciosas y eligen desde donde narrar este raro experimento que se encuadró en la llegada de la banda británica pero también con la visita y el discurso que Barack Obama había dado una semana antes frente a la algarabía de muchos cubanos.

Tres periodistas en medio de una ciudad a la que ya le quedan pocas coordenadas de aquel comunismo conducido por Fidel Castro. Ahora la postal deja ver una población alborotada por el arribo de parte de los estandartes de la cultura occidental que a través de su música han cultivado la cultura del rock and roll. De todas formas en Cuba, según las páginas de este libro, se capta una buena densidad de músicos pero con poco abecedario en el rock. Estos detalles captados de forma meticulosa son los que llevan el acto de contar como la herramienta primaria y ponen al lector en plena película de pura cámara subjetiva.

Dice Sinay, por ejemplo, en referencia a esto que se mencionaba sobre la cultura más rockera: “Éste público, educado en el son, el bolero, el mambo y la habanera no era como el que suele ir a ver a los Stones en cualquier otro lugar del mundo. Aquellas tres primeras canciones fueron tres clásicos que los cubanos observaron encantados, quizás moviéndose un poco, pero lejos del baile en masa y de la comunión apasionada. ¿Cómo dar un show para una audiencia que, con suerte, apenas podía contar con los dedos de una mano los conciertos de estadio a los que había ido?”.

Parece raro, quizás, que en medio de este siglo hipermodernizado se pueda leer esto de una ciudad y sobre todo con un género como el rock que es tan o igual de consumido como unas buenas vacaciones. Incluso muchos de sus espectáculos solamente pueden abonarse con tarjetas de crédito. Pero sí, es posible. El rock fue uno de los mayores enemigos de la isla y así es como Joselo lo termina de confirmar: “Parecían vivir en la felicidad plena, pero de repente se sinceraban: no tenían discos ni un aparato donde escuchar música, compartían una guitarra entre varios, los instrumentos de una banda eran los de otra. No les llegaba la música de los grupos que estaban sonando. No sabían quién era Nirvana, Soundgarden o los Smashing Pumpkins. No sabían que era el grunge. Qué importa, pensaba yo, es sólo rock and roll. Pero para ellos parecía ser lo más importante: estaban ávidos de información”.

Simplemente Fútbol

Cuando pienso en mi llegada a la banda Fútbol recuerdo el primer tema con el que se inicia el disco La Gallina. De inmediato me llamó la atención. Le pregunté a un amigo, que los había escuchado primero, si no tenían bajo y me contestó: “es un trío de violín, guitarra y batería”. ¡Guau!, fue mi expresión. En el rock hasta el momento no había escuchado un formato igual. Busqué como loco más material de este grupo y como You Tube todo lo puede aparecieron unos videos de ellos tocando en vivo: Taciturno en vivo en Niceto, decía. Le di click y un violín desenfrenado, haciendo trizas cualquier pensamiento ortodoxo sobre ese instrumento, empezaba el tema. Después se metía una guitarra rudimentaría tocada a toda velocidad. Todo fue una revelación. Canciones que sabían ser únicas.

Así se inició la historia con este trío.

Seguí buscando cosas. Quería saber más y Google lo resolvió bastante bien. Aparecieron fotos donde estaban tocando como invitados de Pez. Ya era el combo perfecto, pensé y traté de buscar alguna fecha donde se juntaran las dos bandas. Era algo así como encontrarse de muy jovencito con el libro Nueve cuentos de Bustos Domecq de Borges y Bioy Casares. Dos escritores que juntos eran infalibles en sus historias. Con Fútbol y Pez pasa lo mismo: los cancioneros no fallan. Pasó entonces que Pez los invitó a ser parte de sus antologías en alguno de esos espectaculos que supieron llamar Festipez y logré ver a los dos bandas en un mismo día y espacio.

 

Antesala del infierno

Hoy Fútbol acaba de sacar su quinto disco de estudio que lleva por nombre Favio. Sí, enseguida uno piensa en el hombre que solía usar un pañuelo en su cábeza o en el film Juan Moreira o en la versión que hizo de El tema de pototo de Almendra. Sí, es una posiblidad. Lo que se sabe concretamente de este disco es que son nueve canciones que llevan impregnadas el estilo de Fútbol ni más ni menos. Y que el track 2 Hombre Topo es un tema que parece relatar la vida de una mujer que vivía en los subtes y que el track 9 Sangre y vino (corte de difusión) es un perfecto resumen de lo que debe tener una melodía para meter un estribillo como ese que dice: “no soy más, no soy más”.

 

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Sin Cortazar no hay chamuyo

La escritura apareció sin querer. Hasta los 18  ni por puta había agarrado un libro y tampoco siquiera había escrito nada. Ni la lista de los mandados. Esto empezó porque le gustaba una chica que era muy lectora. Trabajaban juntos y un día la escuchó decir, mientras almorzaban, que leía Cortazar. Ese mismo día fue a comprar Los Premios (que agarró por azar). Leyó la contratapa y fue a presumirle que lo había leído, pero enseguida se dio cuenta de que estaba mintiendo y no le habló más. Esa noche llegó a la casa, no comió y se encerró a leer toda la novela. De ahí en adelante no paró más. Por eso es que primero llegó la lectura y después aquellos garabatos encerrados en frases sueltas o reflexiones propias de su corta edad pre veinteañero. Eran simulacros de escritor maldito que buscaban sentenciar la farsa cotidiana. Todavía lo sigue haciendo pero con un poco más de cuidado. El propio paso del tiempo le dio un poco más de peso a sus palabras, que ahora tratan de meterse dentro de un cuerpo más existencialista.

Apuntes ligeros sobre Pez antes de ir a su show

Cuando pienso en Pez se me vienen a la cabeza poesías de Fabian Casas, algunos textos de Martin Zariello o canciones de Litto Nebbia. Es un acto paradigmatico que no sé distinguir muy bien. Este grupo argentino ha conquistado varios géneros con sus canciones, porque tranquilamente con la canción Bettie al desierto se podría escribir un cuento. Tiene un soporte literario por detrás que es muy interesante. “Ahora que ya es tarde Bettie vuelve a empezar/ guarda tres o cuatro cosas no precisa nada más”, arranca cantando Minimal con tono poético. La musicalidad de esas palabras acompañadas por unas melodías que no irrumpen la armonía son ese submundo donde la mente se va adentrando. “Compro una casa vieja atrás de la terminal”, dice más adelante, como si estuviese armando una escena narrativa.

Esa canción, quizás, y el poema Frank Zappa que escribe Casas pueden ser el punto de unión de este encuentro paradigmatico. Es que siempre creí que algunos pasajes de Pez reconstruían (tal vez como nota al pie) algo de Zappa. Por mucho tiempo me dio vueltas esa idea de que esta banda argentina era (en el buen sentido) la reencarnación de The Mothers of Invention. En este sentido también aparece Zariello, que en su momento en su blog Il Corvino escribió un texto donde describía a distintos personajes por sus prácticas y entre ellos (ahora no recuerdo muy bien) aparecía el escucha de Pez y lo definía algo así como guardianes de la sombra. Pero esto es una idea mía porque la memoria no me da para tanto. Y lo de Nebbia ya ni sé porqué aparece. Ayer escuché dos veces seguidas el disco Melopea. Con más de 40 años de vida esta obra es un legado cancionero. Debe ser eso.

A modo de cierre: estoy haciendo la “previa” con Seru Giran de fondo, un vasito de ron y con este tranco desordenado con el que vuelvo a retomar un espacio olvidado: escribir para divertirme.

Esta noche Pez.

“No me interesa tu idea de rock”.

 

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Un debate entre las drogas pesadas y el periodismo

HellsAngels
El hombre del que vamos a hablar hoy, se perforo la cabeza de un balazo y acabó con una brillantez siempre necesaria. Esta persona, nunca políticamente correcta es: Hunter Thompson.
Nació el 18 de Julio de 1937 en Louisville, Kentucky (Estados Unidos). Creció en el barrio de las zonas altas de la ciudad  y realizó la secundaria en un colegio masculino de Louisville. Sus padres se casaron en 1935, pero la muerte de su padre lo dejó al cuidado de su madre, que tenía problemas con el alcohol. De los 15 a los 18 años, creció repartidamente entre las rejas y la calle. Se dedicaba a robos pequeños (por ejemplo licores) para conseguir dinero.
Dibujo
Más tarde, se alisto en la Fuerza Aérea de Estados Unidos y luego trabajó en el departamento de información de la base en Eglin, Florida. Escribió, también, para varios diarios locales, pero siempre trascendiendo  las reglas de la fuerza Aérea. Trabajó, como copista para la revista “Time” y aprovechó para copiar libros de la talla de, por ejemplo: El gran Gatsby de F. Scott Fitzgerald y Adiós a las armas de Ernst Hemingway. Cuando hacía esto, decía que era para aprender los estilos de los autores. Estuvo un tiempo en esto, hasta que fue despedido de la revista, por, nuevamente, infringir las reglas. Fue jefe redactor de la sección política de la revista Rolling Stone (donde fueron famosas sus coberturas durante la guerra de Vietnam y la campaña política de Nixon del  ‘72).
Thompson se destacaba por una literatura salvaje, desbordada e intoxicada. Fue un gran cronista de su época, que supo instaurar un nuevo término, por su forma distinta de contar en el mundo de la grafica y los grabadores. Acuñó – en las páginas de miedo y asco en las vegas – el ya conocido y no tanto: Periodismo “Gonzo”. Esta categorización, si se quiere, nace por el estilo que desarrolló para informar y escribir. Era un periodismo de investigación, desde la ficción, sin ningún tipo de escritorio de por medio. Su lógica para contar era, el estar ahí. Se involucraba, de tal manera con lo que iba a contar, que en el libro: The Hell’s Angels (Los ángeles del Infierno; es la historia de una banda de motociclistas, que sembraban terror por todos sus alrededores) Pasó un año con estos forajidos, hasta que empezó a desestabilizarse la relación, cuando estos comenzaron a sospechar que estaba haciendo plata con ellos. Entonces, primero, le exigieron parte de las ganancias y luego le dieron una gran golpiza. A pesar de todos sus inconvenientes, revelaba que había estado presente en una fiesta de los Hell’s Angels, en donde pudo observar bien de cerca que el termino, que estos utilizaban para definir las juntadas no era “Hippie” sino “Acid – Head” (Adictos al LSD). Cuenta Tom Wolfe en una nota homenaje que escribió a la semana del suicidio, que luego de esta alianza que registro, Thompson, entre hippies y motociclistas, los Rolling Stones terminaron contratando a esta banda de robustos como sus guardias de seguridad. Cuenta, también, que para su libro “The electric kool – aid acid test”, utilizo la escena de la fiesta que Thompson describe en ese libro, pero primero, dice, que lo llamo para que le brinde sus recuerdos sobre esto que había vivido y sin más, recibió junto con las anécdotas, las grabaciones que había podido registrar, de su estadía con “Los Ángeles del Infierno”.

Horrores delirantes siempre descriptos por una sencillez única, casi emparentándose con un Williams Burroughs o un Bukowski. Hunter, fue un  periodista plenamente sumergido en las realidades más difíciles de contar, aportando corrosividad a cada hecho. Siempre con las notas realizadas a último momento, casi que entregaba los borradores.
Se dice también que, una vez  lo enviaron desde una revista, a cubrir una importante carrera de caballos y como demoro bastante en armar esta nota, debido a que sus distracciones por vivir eran constantes. Cuando el editor paso a recoger esta cobertura, por miedo a no cobrar, le entrego su blog de notas, el cual salió publicado, sin ningún tipo de corrección. Aquello resulto maravilloso.
Este personaje, alter ego, en todas sus novelas, desarrollo su vida de la misma manera que en su literatura. Fiel y consecuente, se consagro como un referente contracultural de la cultura norteamericana de los años 60 y 70. Personalidad, compuesta por adjetivos tales, como: loco, marginal, drogadicto, acido, violento e irónico, el 21 de Febrero del año 2005, termino con su vida, disparándose un tiro en la cabeza.
Periodismo gonzo: la voz de los marginados
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Podemos preguntarnos ¿a que le dan vida los medios en general? y podemos respondernos que el material y los objetos que viven en cierta prensa tienen fuertes rasgos de noticia vendible o buenas intenciones y por eso merece ser contado. Ha resistido todo esto gracias a que el periodismo amarillo le venía pasando de largo a ciertas historias o maneras de contar. El centro rige, hasta el momento, en hechos de gente que quizás se le puede enmarcar un rol en la sociedad o en los mismos medios, es decir: es una mercancía, es redituable. El punto de ruptura a todo esto lo hizo esta denominación de periodismo gonzo, a cierta forma de contar y a los actores o personajes que se buscaban para hacer una noticia. En este mundo pueden converger las prostitutas, las personas que viven en la calle, un narcotraficante, un drogadicto, un artista under y lugares donde jamas se podría llegar a pensar desde la prensa sensacionalista.
El periodista gonzo es una persona que va a sumirse en los hechos que esta contando, impregnado todo su subjetividad a la hora de escribir y de contar. Es una primera persona que no esta ficcionalizada sino más bien es alguien que acudió al lugar de los hechos y se dejó inmiscuir en las situaciones o hasta fue el actor principal de la historia que luego va a narrar. Dice Thompson en sus diez consejos para ser un periodista de este tipo: “Ser periodista es un buen trabajo, te permite beber con periodistas y no hay que levantarse por la mañana” o  “Si no hay ninguna historia y quieres ir en la puta portada ¡será mejor que te las apañes para conseguir esa historia! Ya sabes: “no hubo disturbios hasta que provocamos uno”.
Nuevo Periodismo
Esta forma de ejercer el oficio lo llevó un poco más a fondo y por eso pudo trascender el periodismo gonzo. Esta nueva forma de hacer el periodismo permitió que los redactores puedan tomar estrategias narrativas provenientes de la literatura y así enriquecer o darle otra voz a lo que se estaba contando. Quizás una escritura más aprisa, donde se incluían voces o digresiones, típicas de un genero como la novela. Acá se empieza a tomar la crónica como el factor preponderante y más útil para narrar o contar un hecho.
Una noticia policial ya era más parecida a un cuento de Poe, que podía contener un escenario y las descripciones típicas de la novela negra.
A continuación un fragmento, que oficiara de ejemplo de la mezcla de la literatura y el (nuevo) periodismo, de A sangre fría de Truman Capote:
    “Los investigadores se enfrentan con la búsqueda de un asesino o asesinos cuya astucia es evidente, si bien el o los motivos no lo son. Puesto que este asesino o asesinos cortaron cuidadosamente los cables de los dos teléfonos de la casa, ataron y amordazaron a sus víctimas con gran habilidad, sin huellas de lucha con ninguna de ellas, no dejaron nada olvidado en la casa, ni elemento alguno que indique que anduvieran buscando algo, excepto el detalle del billetero, asesinaron a cuatro personas disparando sobre ellas en distintas habitaciones y recuperaron tranquilamente los cartuchos usados, llegaron y se supone que abandonaron la casa con el arma criminal, sin ser vistos, actuaron sin motivo, a no ser que se considere como tal un fracasado intento de robo, como los investigadores se inclinan a pensar.”
Obras:
El escritor Gonzo
El diario del ron
La gran caza del tiburón
Miedo y asco en Las Vegas
Los Ángeles del Infierno